jueves, 21 de mayo de 2015

Premio

Había sido un discurso hermoso, aunque improvisado. No sabía en realidad que decir ni como. Su mente estaba algo confundida después de todo. Los sucesos se dieron demasiado rápido, su cabeza continuaba estática mientras sus manos se lanzaban a escribir con un estentóreo paso. Era muy joven cuando pasó, de hecho hoy casi ni lo recuerda.
Se mezclan las ideas, los personajes, los guiones y situaciones de sus cuentos y novelas. Tal vez es el alcohol el que produce este efecto, pero el no puede determinarlo, no sabe a ciencia cierta cuando fue el último día que no bebió nada.
A causa de ello no pronunció palabra acerca de sus obras, mejor era agruparlas y charlar sobre el impacto que causaron y siguen teniendo en los literatos nóveles.
Quizá fue muy comedido en sus palabras, quizá no tanto. Tenía muchas dudas y las planteó en modo sincero a su auditorio, pero la ira contenida, el desprecio percibido a sus años de trabajo sostenido, la recepción del premio en forma tan tardía le habían disgustado enormemente.
No le irritaba ni su actitud ni la del público, lo que le ponía defensivo era saber que los votos por los que había sido elegido eran banales y sin sustento. Que sabían esos del arte, los viejos jueces eran respetables; estos por su parte sólo buscaban hacer moda y ser mirados aunque fuese un rato. Nada de literatura podía salir de ninguno de ellos.
¿Cómo explicar el placer que era leer a sus colegas coterráneos treinta años atrás?, ¿Cómo contarles de los días más bellos para la literatura?, ¿Cómo decirles lo que en verdad querían decir ciertas frases que ocultaron en los libros? Imposible, no lo entenderían.
En Julio entregarían nuevamente el premio a otro convocado, se olvidarían de él a quien poco por escribir quedaba. 
Pero fue feliz, le regalaron un reloj de bolsillo y un millón de pesos.

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