jueves, 16 de noviembre de 2017

Encuentro forzoso

Y, a futuro, sus fanáticos pensarían que eligió ese bajo por la estética, por el sonido, por la comodidad.
Seguramente, ninguno imaginaría que compró el único que su bolsillo, en cuotas demasiado amables e igualmente esclavizantes, podía solventar estando en ese país tan gélido.

Nadie sospechaba, tampoco, que desde día en adelante ese pequeño instrumento se transformaría en el ícono más importante para quienes decidieran enfrentar las cuatro cuerdas graves.

lunes, 13 de noviembre de 2017

De la música

La música es alegría,
ánimo del pensamiento,
un pensar, divertimento,
y del sentido, armonía.

Entre arpegios y trinares
acordes, notas, rasgueos
todo lo adorno y laureo
con cánticos singulares.
Se hacen nulos los penares
con joviales melodías.
La mejor artillería
que defiende al corazón,
se asienta en buena razón:
la música es alegría.

Es eterna inspiradora
que da el aliño a la vida,
de las artes, la elegida,
por su efluvio, embriagadora.
Toda emoción la decora,
elevando sentimientos.
Son en esencia alimento
sus cadencias lisonjeras;
porque entregan, a quinquiera,
ánimo del pensamiento.

Es universal lenguaje
con muy intenso sentido,
palabra y amor unidos
en un sublime mensaje.
Constituye al cielo un viaje,
y un privado sacramento,
su divino advenimiento
brío y vigor purifica,
la música significa:
un pensar, divertimento.

Es un modo de expresar
aquello que al alma llena,
protagonista en la escena
del espíritu limpiar.
Preciosa magia sin par
que hasta al silencio sacía
la que al júbilo nos guía
con su vibrar contundente,
equilibrio de la mente
y del sentido, armonía.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Eisenhower

Leyó en un periódico que Dwight David “Ike” Eisenhower, trigésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, tenía un método infalible para superar su mal genio. Escribía en un papel el nombre de los sujetos a quienes iban dirigidos sus impulsos más oscuros y siniestros, luego de ello rompía con ira desmesuradas la hoja destinada a su catarsis.
Gracias a ello pudo cultivar ese espíritu moderado y sobrio propio de los líderes.
Decidió hacer lo mismo.
Tomó una hoja tamaño A4 y la atiborró con los motes que había inventado para cada uno de sus archi-enemigos. Poco a poco el pliego se transformó en más tinta que folio. La dej
ó secar mientras maldecía en todos los idiomas que dominaba, la puso dentro de un tarro de lata y la quemó con un fósforo de esos grandes para encender velas.
No hubo resultado.

Mientras olía el humo que desprendía el pequeño incendio sentía que les odiaba aún más.