Malos amigos
Tuvimos que hacer tiempo para esperarles.
Cuando llegamos, se habían comido todo, no nos guardaron
nada.
Menos mal, pasamos a comprar nuestros bebestibles y algo
para “compartir”.
Un breve pestañeo y se comieron, nuevamente, todo.
Fui al refrigerador por una de las cervezas que llevamos,
faltaba una.
Le pedí un cigarrillo a uno, puso mil excusas.
Otro, para ayudarlo a no quedar mal, le propuso me dejara un
par de pitadas.
Esperé.
Me hizo una señal.
Me entregó una colilla lista para ser tirada a la basura.
Quise compartir mi música.
No fueron capaces de permanecer cinco minutos en silencio.
Son malos amigos.
Pero, por suerte, no son mis amigos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario