sábado, 18 de julio de 2026

Malos amigos

Tuvimos que hacer tiempo para esperarles.
Cuando llegamos, se habían comido todo, no nos guardaron nada.
Menos mal, pasamos a comprar nuestros bebestibles y algo para “compartir”.
Un breve pestañeo y se comieron, nuevamente, todo.
Fui al refrigerador por una de las cervezas que llevamos, faltaba una.
Le pedí un cigarrillo a uno, puso mil excusas.
Otro, para ayudarlo a no quedar mal, le propuso me dejara un par de pitadas.
Esperé.
Me hizo una señal.
Me entregó una colilla lista para ser tirada a la basura.
Quise compartir mi música.
No fueron capaces de permanecer cinco minutos en silencio.
Son malos amigos.
Pero, por suerte, no son mis amigos.

domingo, 12 de julio de 2026

Horas extras

No estaba contento…

Me preocupaba mucho el negocio, el productor salió de su jaula para apresurarnos y el Cotorra no aparecía por ninguna parte. Que le llamáramos, que lo fuéramos a buscar, que apareciéramos por su casa. Maldito productor hijo de puta. ¿Después de cinco discos no sabía cómo actuaba el Cotorra?

Y yo, como siempre, solo por ser el maldito saxo alto de esa improvisada banda tuve que asumir de director. Detesto hacerlo, pero, al menos, me pagarían unos cuantos morlacos más por eso.

Hice unos arreglos simples, nada pretencioso, notas largas que dejaban respirar a la música y que podían ser contundentes cuando fuera necesario. Todo mundo sabe que lo mío no es la rapidez, pero en precisión y uso de los matices soy el mejor. Años de tocar con los mejores te hacen, salvo que seas un maldito burro o un sordo, experto en algo. A mí el creador me premió con eso, con poder bajar al pianísimo más inaudible y luego reventar los témpanos con el fortísimo más atronador.

Los muchachos tampoco estaban contentos…

Muchachos digo como una expresión, yo era el único mozalbete en ese grupo de existencialistas, filósofos y profesores que habían tenido que dedicarse a la música porque el gobierno les había exiliado de sus funciones por pensar distinto. Tenían que callarse mucho por su origen mestizo y porque las ideas revolucionarias no eran bienvenidas. Partiendo de la base de que nuestra música era basureada, demasiado incomprensible para la población gazmoña y arribista de esos tiempos.

Comprendía su insatisfacción. Todos éramos mercenarios en esa sala. No íbamos a tocar por gusto, era un mero trabajo. Incómodo, del sistema, sin sangre, muerto. Pero había que hacer dinero. Y el idiota, el genial imbécil de Cotorra, nunca había entendido bien cómo funcionan las manos invisibles de los clubes, los estudios, el marketing o la mera supervivencia. Si no grabábamos pronto, nos despedirían.

Finalmente llegó. Unas cuatro horas después de lo acordado. Haciendo bromas malas, chistes sacados de alguna tira cómica y con una pistola de agua en la mano. Cuando comenzó a leer los arreglos empezó a payasear con que no los comprendía. Que las líneas melódicas no tenían desarrollo, que las percusiones eran muy predecibles, que esto, que lo otro.

El productor estaba cabreado, pero de alguna forma interesado en Cotorra y en su discurso. Yo ofendido, casi que en un rincón. Decidí girarme en la silla y estudiar escalar mientras él obstinado, rayaba con su lápiz grafito todo, borroneaba por aquí, borroneaba por allá.

Los nervios del productor colapsaron, se notaba en su mirada que ya estaba mosqueado. Sacó un cigarrillo (no estaba permitido en el estudio) lo que nos alentó a todos a hacer lo mismo. Apuró las bocanadas y me dejó a cargo, el desgraciado se fue y nos abandonó, no sin antes dejar todo listo para presionar un botón y comenzar a grabar.

Cotorra estaba contento…

El gordo infeliz reía y reía. Cuando por fin se compuso, hizo una seña de silencio con la mano, como para provocarnos. Se metió la mano en las faltriqueras del saco y fue repartiendo, uno por uno, un fajo de billetes a cada miembro de la banda. Batería, contrabajo, tenor, marimba, trompeta y a mí.  Se dejó dos para él.

Abrió la puerta y se cercioró de que el productor no se hubiese quedado en alguno de los pasillos. Disparó con la pistola de agua al aire y antes de que el líquido llegase al nivel de su cabeza se bebió el chorro de un salto. El olor a whisky se hizo patente, eso y el humo del cigarrillo nos hizo sentir como en uno de los clubes. Apagó varias de los focos, pulso el botón de grabar, con lo que las luces rojas de silencio comenzaron a funcionar, y dijo:

- Vamos a grabar el maldito jingle, pero antes de eso vamos a grabar un tema que preparé, se llama Horas extras.- Dijo burlón, sabiendo que su pantomima había trabajado a la perfección, porque, con todas su excentricidades, el Cotorra consiguió que nos pagaran sobre tiempo. Se sentó al piano y tocó como una bestia, con mucho shuffle, con tremendo feeling y haciendo unos fraseos endemoniados que solo él podía hacer. 

El estudio fue, por doce horas, totalmente nuestro. En ese lapso logramos grabar, íntegramente, el tema y una docena de variantes improvisadas. El maldito disco que veníamos pensando desde hacía meses, por fin se hizo realidad.

martes, 7 de julio de 2026

Pertenencia

Una noche, mientras caminaba a su departamento, pensaba: Yo no pertenezco a este lugar.
La verdad es que jamás he sentido pertenecer a ningún sitio.

jueves, 25 de junio de 2026

La psicóloga

 La psicóloga me recomienda dejar de preocuparme por los demás y centrarme solo en mí.

La psicóloga no ha enfrentado violencia intrafamiliar.

La psicóloga no ha recibido un disparo de parte de su “padre”.

La psicóloga no ha tenido que irse de su casa para poder sobre vivir.

La psicóloga no ha dormido una sola noche en la calle.

La psicóloga no sabe los que es la desaparición forzada.

La psicóloga no ha sido víctima de un secuestro.

La psicóloga no debe cuidarse del cáncer.

La psicóloga no se ha prostituido jamás.

La psicóloga no padece de diabetes.

La psicóloga no ha intentado acabar con su vida.

La psicóloga no ha pasado por rehabilitación.

La psicóloga no ha sido violada.

La psicóloga no ha experimentado el hambre.

La psicóloga no sufre trastornos del sueño.

La psicóloga no ha resistido torturas.

La psicóloga no conoce a mi familia.

Al diablo la psicóloga.

jueves, 18 de junio de 2026

Olvido

La creación tiene rutas
de anómalos recorridos,
¿Cuántas ideas geniales
han quedado en el olvido?

martes, 9 de junio de 2026

Indio

Mi forma de pelear, no lo sabía en esa época, era la misma que mis ancestros tuvieron. No sabía lanzar golpes, levantar guardia o hacer esas ridículas coreografías que mis camaradas tenían por ritual antes de asestar el primer puñetazo.

Solo me quedaba esperando a mi rival para tomarlo del pecho y arrojarlo al suelo en un movimiento perfectamente coordinado que le dejaba sin opción de defenderse. La cuarta vez que me hicieron ir a inspectoría, antes de castigarme, la autoridad a cargo del orden me señaló que así, justamente, era como peleaban los mapuche.

Eso, junto a las clases de box que me obligó a tomar mi padre, pensando, erróneamente, que me darían escarmiento al integrarme con chicos, en promedio, cinco años mayores que yo, me transformaron en una amenaza inclasificable para mis compañeros de colegio.

Me veían pequeño, silencioso, desafiante, misterioso y, gracias ello, me salvé de sus arteros ataques. Los pocos que lo intentaron terminaron en enfermería con más de alguna herida, desacreditados por los maestros que no podían concebir que un niño tan diminuto pudiera derrotar a otros tanto más grandes, nutridos y de cursos superiores. En algún momento dejaron, siquiera, de intentarlo.

No obstante, mis técnicas de lucha eran vulnerables a la discriminación, el racismo y las ofensas por tener un apellido de “indio”.

miércoles, 3 de junio de 2026

Mecenas

Fueron semanas en que tuvo el lienzo, prácticamente, escondido. Fuera de su vista. Oculto, aunque no quería reconocerlo, detrás de obras que no eran urgentes, importantes, exigentes en lo artístico o, simplemente, atractivas para él.

Cada mañana recordaba la severidad de su mecenas al pedirle avances.

Al mediodía les costaba comer el más mínimo bocado, la garganta se le apretaba.

Por las tardes se recriminaba su falta de disciplina.

Por las noches, solo por calmar la conciencia, se castigaba un poco, de la boca hacia afuera, lanzando insultos cuando se miraba al espejo antes de ir a la cama.

Esto se transformó en su rutina.

Evitaba, por tanto, salir del taller. Salvo que fuese estrictamente necesario.

Compraba lo indispensable en el pueblo y volvía a recluirse con gran diligencia.

A tanto llegó el encierro auto impuesto que su mecenas pensó, faltando solo un par de jornadas para la entrega del proyecto más importante de la carrera del pintor, que la muerte del talentoso artista era una realidad concreta.

Acudió a visitarle.

En el taller el silencio era casi absoluto.

Ante la quietud reinante el mecenas entró, sin golpear la puerta.

Allí estaba el pintor, dedicado de lleno a la tarea.

Parecía más productivo que nunca, pintando a toda prisa.

Desplegaba una paleta de colores exquisita, con matices y texturas del todo realistas, consiguiendo movimiento y calidez en sus trazos, plasmando en la tela una increíble postal, igual de genial que espeluznante.

Apenas sintió la ajena presencia, el pintor espetó: “No recuerdo desde cuándo, pero un espíritu desconocido está guiando esta mano mía”.

En seguida, con todo el peso de su cuerpo, el pintor se estrelló contra el piso en un desmayo tan aterrador como su póstuma obra maestra.

sábado, 23 de mayo de 2026

Pies

Me cargan los pies…

Verlos.

Tocarlos.

Imaginarlos.

El colmo, olerlos…

A todo eso súmale que la desgraciada naturaleza me ha dado dos.

No solo detesto los míos.

Detesto todo tipo de pies.

Los pies y las cuotas.

Los pies de página.

Los pies y los dividendos.

El pie de metro.

El pie-nso, luego existo.

Los archi-pié-lagos...

Incluso, a veces, odio un poco el pie de limón.

viernes, 3 de abril de 2026

Imagen crucificada

 ¿Por qué la Iglesia de Roma

dice ser, de Cristo, aliada

mientras expone en los templos

su imagen crucificada?

sábado, 21 de febrero de 2026

Tricahue Soy


Hoy me llaman barranquero,

tricahue los más antiguos,

me distinguen por mi pecho

de carmín y amarillo.

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy.

 

Aunque verdosa es mi capa,

soy azul, igual que el cielo,

cuando se extienden mis alas

y las acaricia el viento.

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy.

 

Me poso sobre las ramas

duras semillas engullo,

las rompo con pico y patas,

símbolos de estoico orgullo.

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy.

 

Solo una  pareja tengo

con ella construyo el nido

y en bandada me establezco

donde chocan muro y río

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy. 

Texto de la canción ganadora del Festival del Loro Tricahue de Los Queñes, Romeral, 2026