martes, 9 de junio de 2026

Indio

Mi forma de pelear, no lo sabía en esa época, era la misma que mis ancestros tuvieron. No sabía lanzar golpes, levantar guardia o hacer esas ridículas coreografías que mis camaradas tenían por ritual antes de asestar el primer puñetazo.

Solo me quedaba esperando a mi rival para tomarlo del pecho y arrojarlo al suelo en un movimiento perfectamente coordinado que le dejaba sin opción de defenderse. La cuarta vez que me hicieron ir a inspectoría, antes de castigarme, la autoridad a cargo del orden me señaló que así, justamente, era como peleaban los mapuche.

Eso, junto a las clases de box que me obligó a tomar mi padre, pensando, erróneamente, que me darían escarmiento al integrarme con chicos, en promedio, cinco años mayores que yo, me transformaron en una amenaza inclasificable para mis compañeros de colegio.

Me veían pequeño, silencioso, desafiante, misterioso y, gracias ello, me salvé de sus arteros ataques. Los pocos que lo intentaron terminaron en enfermería con más de alguna herida, desacreditados por los maestros que no podían concebir que un niño tan diminuto pudiera derrotar a otros tanto más grandes, nutridos y de cursos superiores. En algún momento dejaron, siquiera, de intentarlo.

No obstante, mis técnicas de lucha eran vulnerables a la discriminación, el racismo y las ofensas por tener un apellido de “indio”.

miércoles, 3 de junio de 2026

Mecenas

Fueron semanas en que tuvo el lienzo, prácticamente, escondido. Fuera de su vista. Oculto, aunque no quería reconocerlo, detrás de obras que no eran urgentes, importantes, exigentes en lo artístico o, simplemente, atractivas para él.

Cada mañana recordaba la severidad de su mecenas al pedirle avances.

Al mediodía les costaba comer el más mínimo bocado, la garganta se le apretaba.

Por las tardes se recriminaba su falta de disciplina.

Por las noches, solo por calmar la conciencia, se castigaba un poco, de la boca hacia afuera, lanzando insultos cuando se miraba al espejo antes de ir a la cama.

Esto se transformó en su rutina.

Evitaba, por tanto, salir del taller. Salvo que fuese estrictamente necesario.

Compraba lo indispensable en el pueblo y volvía a recluirse con gran diligencia.

A tanto llegó el encierro auto impuesto que su mecenas pensó, faltando solo un par de jornadas para la entrega del proyecto más importante de la carrera del pintor, que la muerte del talentoso artista era una realidad concreta.

Acudió a visitarle.

En el taller el silencio era casi absoluto.

Ante la quietud reinante el mecenas entró, sin golpear la puerta.

Allí estaba el pintor, dedicado de lleno a la tarea.

Parecía más productivo que nunca, pintando a toda prisa.

Desplegaba una paleta de colores exquisita, con matices y texturas del todo realistas, consiguiendo movimiento y calidez en sus trazos, plasmando en la tela una increíble postal, igual de genial que espeluznante.

Apenas sintió la ajena presencia, el pintor espetó: “No recuerdo desde cuándo, pero un espíritu desconocido está guiando esta mano mía”.

En seguida, con todo el peso de su cuerpo, el pintor se estrelló contra el piso en un desmayo tan aterrador como su póstuma obra maestra.

sábado, 23 de mayo de 2026

Pies

Me cargan los pies…

Verlos.

Tocarlos.

Imaginarlos.

El colmo, olerlos…

A todo eso súmale que la desgraciada naturaleza me ha dado dos.

No solo detesto los míos.

Detesto todo tipo de pies.

Los pies y las cuotas.

Los pies de página.

Los pies y los dividendos.

El pie de metro.

El pie-nso, luego existo.

Los archi-pié-lagos...

Incluso, a veces, odio un poco el pie de limón.

viernes, 3 de abril de 2026

Imagen crucificada

 ¿Por qué la Iglesia de Roma

dice ser, de Cristo, aliada

mientras expone en los templos

su imagen crucificada?

sábado, 21 de febrero de 2026

Tricahue Soy


Hoy me llaman barranquero,

tricahue los más antiguos,

me distinguen por mi pecho

de carmín y amarillo.

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy.

 

Aunque verdosa es mi capa,

soy azul, igual que el cielo,

cuando se extienden mis alas

y las acaricia el viento.

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy.

 

Me poso sobre las ramas

duras semillas engullo,

las rompo con pico y patas,

símbolos de estoico orgullo.

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy.

 

Solo una  pareja tengo

con ella construyo el nido

y en bandada me establezco

donde chocan muro y río

 

Tricachue soy,

sí, ay, ay, ay,

Tricahue soy. 

Texto de la canción ganadora del Festival del Loro Tricahue de Los Queñes, Romeral, 2026

 

domingo, 10 de agosto de 2025

Clima

 

En los Domingos nublados pienso en escuchar a Aimi Kobayashi y rápidamente el clima mejora.