jueves, 25 de junio de 2026

La psicóloga

 La psicóloga me recomienda dejar de preocuparme por los demás y centrarme solo en mí.

La psicóloga no ha enfrentado violencia intrafamiliar.

La psicóloga no ha recibido un disparo de parte de su “padre”.

La psicóloga no ha tenido que irse de su casa para poder sobre vivir.

La psicóloga no ha dormido una sola noche en la calle.

La psicóloga no sabe los que es la desaparición forzada.

La psicóloga no ha sido víctima de un secuestro.

La psicóloga no debe cuidarse del cáncer.

La psicóloga no se ha prostituido jamás.

La psicóloga no padece de diabetes.

La psicóloga no ha intentado acabar con su vida.

La psicóloga no ha pasado por rehabilitación.

La psicóloga no ha sido violada.

La psicóloga no ha experimentado el hambre.

La psicóloga no sufre trastornos del sueño.

La psicóloga no ha resistido torturas.

La psicóloga no conoce a mi familia.

Al diablo la psicóloga.

jueves, 18 de junio de 2026

Olvido

La creación tiene rutas
de anómalos recorridos,
¿Cuántas ideas geniales
han quedado en el olvido?

martes, 9 de junio de 2026

Indio

Mi forma de pelear, no lo sabía en esa época, era la misma que mis ancestros tuvieron. No sabía lanzar golpes, levantar guardia o hacer esas ridículas coreografías que mis camaradas tenían por ritual antes de asestar el primer puñetazo.

Solo me quedaba esperando a mi rival para tomarlo del pecho y arrojarlo al suelo en un movimiento perfectamente coordinado que le dejaba sin opción de defenderse. La cuarta vez que me hicieron ir a inspectoría, antes de castigarme, la autoridad a cargo del orden me señaló que así, justamente, era como peleaban los mapuche.

Eso, junto a las clases de box que me obligó a tomar mi padre, pensando, erróneamente, que me darían escarmiento al integrarme con chicos, en promedio, cinco años mayores que yo, me transformaron en una amenaza inclasificable para mis compañeros de colegio.

Me veían pequeño, silencioso, desafiante, misterioso y, gracias ello, me salvé de sus arteros ataques. Los pocos que lo intentaron terminaron en enfermería con más de alguna herida, desacreditados por los maestros que no podían concebir que un niño tan diminuto pudiera derrotar a otros tanto más grandes, nutridos y de cursos superiores. En algún momento dejaron, siquiera, de intentarlo.

No obstante, mis técnicas de lucha eran vulnerables a la discriminación, el racismo y las ofensas por tener un apellido de “indio”.

miércoles, 3 de junio de 2026

Mecenas

Fueron semanas en que tuvo el lienzo, prácticamente, escondido. Fuera de su vista. Oculto, aunque no quería reconocerlo, detrás de obras que no eran urgentes, importantes, exigentes en lo artístico o, simplemente, atractivas para él.

Cada mañana recordaba la severidad de su mecenas al pedirle avances.

Al mediodía les costaba comer el más mínimo bocado, la garganta se le apretaba.

Por las tardes se recriminaba su falta de disciplina.

Por las noches, solo por calmar la conciencia, se castigaba un poco, de la boca hacia afuera, lanzando insultos cuando se miraba al espejo antes de ir a la cama.

Esto se transformó en su rutina.

Evitaba, por tanto, salir del taller. Salvo que fuese estrictamente necesario.

Compraba lo indispensable en el pueblo y volvía a recluirse con gran diligencia.

A tanto llegó el encierro auto impuesto que su mecenas pensó, faltando solo un par de jornadas para la entrega del proyecto más importante de la carrera del pintor, que la muerte del talentoso artista era una realidad concreta.

Acudió a visitarle.

En el taller el silencio era casi absoluto.

Ante la quietud reinante el mecenas entró, sin golpear la puerta.

Allí estaba el pintor, dedicado de lleno a la tarea.

Parecía más productivo que nunca, pintando a toda prisa.

Desplegaba una paleta de colores exquisita, con matices y texturas del todo realistas, consiguiendo movimiento y calidez en sus trazos, plasmando en la tela una increíble postal, igual de genial que espeluznante.

Apenas sintió la ajena presencia, el pintor espetó: “No recuerdo desde cuándo, pero un espíritu desconocido está guiando esta mano mía”.

En seguida, con todo el peso de su cuerpo, el pintor se estrelló contra el piso en un desmayo tan aterrador como su póstuma obra maestra.

sábado, 23 de mayo de 2026

Pies

Me cargan los pies…

Verlos.

Tocarlos.

Imaginarlos.

El colmo, olerlos…

A todo eso súmale que la desgraciada naturaleza me ha dado dos.

No solo detesto los míos.

Detesto todo tipo de pies.

Los pies y las cuotas.

Los pies de página.

Los pies y los dividendos.

El pie de metro.

El pie-nso, luego existo.

Los archi-pié-lagos...

Incluso, a veces, odio un poco el pie de limón.