Tratándose de un camello desenfocado, borroso y lisérgico; sonaba bastante bien. La cosecha de camellos de 1974 fue un espejismo inusitado.
sábado, 22 de julio de 2017
domingo, 16 de julio de 2017
Merecidos agradecimientos
Todo alrededor
era blanco. Absolutamente todo. Esa masa invasiva y exasperante a la que antes
llamábamos nieve, lo cubría todo. No permitía en esos momentos imaginar la
silueta de un árbol, alguna roca, un río, nada que la naturaleza hubiera creado
podía ser percibido por nuestros cansados ojos, salvo la nieve.
Hicimos un
agujero para tratar de encontrar tierra debajo de nosotros, como medida
desesperada de escapar de la inestabilidad, de la humedad, de esa sensación de
encierro que nos proveía esa congelada materia, el vital elemento transformado
en un mortal mausoleo.
Con las pocas
fuerzas que nos quedaban fuimos poco a poco acercándonos a la tierra y allí
formamos una especie de nido. Nuestros suministros se habían acabado, solo
teníamos una poco de agua potable que se encontraba, como no, a temperatura gélida.
Pero a medida
que cavamos nuestros dedos se estrellaron con algo duro y de sonido metálico.
Como bendición del cielo habían permanecido allí varias latas de conservas que
alguna expedición habría olvidado un par de años atrás.
En esas
circunstancias exclamó algo que solo a ella podría habérsele pasado por la
mente:
- - ¡Muchas gracias Nicolás Appert! -
jueves, 13 de julio de 2017
Así comenzó la historia
Ese día fue, por fin, feliz.
Llevaba dos meses o quizá un poco
más fuera de casa, pues su padre le había echado a la calle al saber que había
dejado embarazada a Luz; quien solo tenía dieciséis, había vagado por las
calles sin rumbo fijo. Los padres de la niña no le dejaban acercarse y empezó a
poner en práctica los pocos, pero geniales talentos que tenía.
Armó o mejor dicho improvisó algunas actuaciones en
público con una guitarra prestada. La afinó quien sabe como y la combinó con
una armónica (aprendió a tocarla en menos de tres días), puso un banquillo en
la plaza y se lanzó con todos los blues que conocía, de un tirón. A veces podía
estar casi tres horas tocando sin parar. Se detenía cuando necesitaba ir al
baño o cuando ya no sentía las manos producto del frío.
A nadie le importaba su rostro cubierto casi por
completo, su abrigo o su aspecto desaliñado y descuidado. No le miraban
demasiado, solamente le escuchaban. Llegó un buen día en que ese amigo
entrañable necesitó usar su instrumento y se quedó de brazos cruzados por un
par de semanas, hasta que una noche se metió al departamento por una de las
ventanas y en total oscuridad nos dijo con mucha alegría que su vida cambiaría
pronto.
No sabíamos de que hablaba, estábamos discutiendo
que podíamos comer con las pocas monedas que nos quedaban y si podríamos
aguantar seguir duchándonos con agua helada. No pudimos comprenderle en ese
momento.
Habrá pasado medio mes cuando llegó un enorme
paquete a su nombre. Fue donde el vecino para pedirle enchufar un alargador, a
toda prisa y jadeando comenzó a romper el empaque. Un Fender Champion y una
Gibson Les Paul Goldtop. Afinó a la velocidad del rayo y cantó The Thrill Is
Gone del gran B.B.
- Seremos la mejor banda del mundo - Sentenció al acabar su interpretación. Así comenzó la historia.
lunes, 10 de julio de 2017
Al revés
Ponerse al revés la polera del pijama es algo que pasa a menudo.
Ponerse la revés los pantalones, también. Ponerse ambas cosas al revés casi
nunca.
¿No será que hoy me puse el cuerpo al revés?
jueves, 6 de julio de 2017
lunes, 3 de julio de 2017
Tristeza pitagórica
Resulta de sumo triste caer en cuenta de que
en este mundo hay gente que se morirá sin jamás haber creado absolutamente
nada.
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