domingo, 6 de mayo de 2012

Acordes

Iban caminando por las verdes praderas conversando sobre algún acorde que se les había perdido en una canción, a Rafael solían escapársele y tenía luego que pasar horas buscándolos. Tenía un agujero en sus bolsillos que hacía que se le cayeran con frecuencia y no sabía donde dejarlos a fin de hacerlos portátiles.
René, en cambio, los mantenía siempre a la mano. Y además sus acervo de ellos era enorme (tal vez había recogido los que Rafael extraviaba). Se llevaba muy bien con ellos y los formaba de distintos modos, una nota aquí, otra notita por allá, siempre dándoles aire fresco para que crecieran vigorosos.
Querían hacer una versión de esa canción que les regaló una abuelita con casa de tejas y rejas blanquecinas, pero les faltaba algo. Dialogaban sobre aquello cuando su paso fue interrumpido por un ancho pozo en medio del campo abierto.

- Cuidado, hay un hoyo allí - Dijo René.
- ¡De veras!– Respondío en el acto Rafael, se agachó para lanzar un grito hacia dentro de el y el eco le respondió innumerables veces.
- Parece ser profundo.
- Sí, pero me extraña que alguien hay cavado tanto. Si es por buscar agua se habría dado cuenta de que no la iba a encontrar cuando llevaba la mitad del trabajo.
- No necesariamente es una noria.
- Y si no es eso, ¿entonces qué?
- Un nido de un dinosaurio extinto.
- De Anacleto no es.
- Claro, además que vive en la ciudad.
- No creo que sea un nido de dinosaurio, si así fuese ¿Por qué no hay huevos adentro?
- Por que quizá las crías ya están grandes, apártate que te pueden comer.
- ¿A mí? No me va a comer ningún dinosaurio, por ningún motivo. No se lo permitiré. Insisto, no es un nido de dinosaurio.
- Puede ser la entrada al centro de la Tierra.
- Entonces no está completa, no se ve el fuego del núcleo.
- Es verdad.
- Yo creo que es un pozo de los deseos, como esos de los cuentos de hadas y princesas.
- Jajajajaja –Rió estentóreamente René, eso si que es imposible esas cosas no existen. Has estado leyendo mucho últimamente amigo mío.
- ¿Por qué no van a existir?, ¿Tú crees que a la gente se les cumplen los deseos por que sí?

Ese argumento dejó a René dubitativo, podría ser que los deseos de la gente vieran la luz ya sea por que ellos lanzaron una moneda a un pozo, o porque otra persona había lanzado una moneda por ellos sin los deseantes saberlo. Eso podía explicar como para uno de sus cumpleaños recibió la bicicleta que quería, en el color que quería.

- Mira, te concedo que puedes tener razón. En una de esas es un pozo de deseos y alguien lo cavó acá sabiendo que más tarde pasaríamos, puede haber sido un mago o un brujo.
- Entonces, para salir de duda comprobémoslo.

Rafael se agachó de nuevo, con escaso cuidado, intentando avistar si es que efectivamente había fondo. No podría decirte, lector, cuantos acordes salieron volando de sus bolsillos, pero si estoy seguro de que fue una cantidad considerable. Unos cayeron cerca del agujero, otros quedaron atrapados en su interior.
Se irguió nuevamente con un movimiento brusco y entusiasta, con la cara llena de felicidad y esperanza.

- ¿Tienes una moneda? – Inquirió en el acto.
- Déjame revisar.
- Busca, busca que el pozo se puede cerrar.
- ¿Y qué vamos a pedir?
- Hay que pedir algo que nos sirva a los dos, tu pones la moneda y yo pongo la fe.
- Yo no sé que pedir, tengo el amor de una mujer increíble, tengo un techo donde dormir y comida no me falta.
- Hay algo que ambos necesitamos para ser mejores cantores…
- ¿Qué vendíra siendo?
- ¡Acordes! En todos tamaños y todos los colores, formas y texturas.
- Me parece buena idea, pero para asegurarnos los guardaré yo, tú no te acuerdas de donde los dejaste.
- Está bien, pero no te preocupes, aunque se pierdan unos tantos aún así tendremos muchos.
- La encontré.

René le pasó por su mano la moneda más lustrosa y bella que en la faz de la Tierra había sido creada.
Con un gesto de asentimiento Rafael la acarició, la besó y le mostró el pozo como diciéndole: Te lo agradecemos mucho.
Contó hasta tres y la lanzó al aire, donde dio muchas vueltas hasta perderse de la vista de ambos. Mientras iba cayendo Rafael se tiró de panza al suelo para seguirla con la mirada, imposible determinar la cifra exacta de acordes que aplastó con su cuerpo.
Aguzó el oído pero luego de unos minutos recapacitó, el pozo era tan profundo que no era imaginable escuchar el ruido del proyectil lanzado hacia el fondo.

- ¿Vamos? – Preguntó René.
- ¡Vamos! – Respondió Rafael con seguridad. Cuando lleguemos a mi casa nos ponemos a tocar, ahí te vas a dar cuenta de todos los acordes que nos regalaron.

viernes, 4 de mayo de 2012

Pulcritud


Muchos escritores dicen temer a la página en blanco. Yo me llevo muy bien con ella ya que permite plasmar en ella cualquier cosa, cualquiera tema particular que se venga a la mente. La que me pone ansioso es la página escrita, esa que merece revisión, esa que pide ser editada a fin de obtener una obra digna de inversión en tiempo, papel y tinta.
Hay que ser respetuoso con el lector, ¿Por qué alguien debiera dedicar tiempo de su vida en leer mi mensaje y no el de otro autor? Existen Neruda, Parra, Huidobro, Mistral, Donoso, Uribe Echevarría, Bolaño y tantos otros que indudablemente son un tesoro. Esas páginas doradas de la literatura chilena son aquello a lo que espero, algún día, llegar. Desbordan estilo y son rebosantes de hermosas figuras literarias; cierto es que en la medida que un país aprende a escribir también lo hará respecto a leer.
Hay que ser auto-crítico, es más que ostensible que no tengo el mínimo de mérito como para decir que soy un buen literato, mis líneas son casi sencillos descriptivos de mis experiencias de vida y aunque únicos e irrepetibles no necesariamente deben ser considerados obras de arte, en este sentido me falta bastante que desarrollar. Mi forma de lanzarme a la palabra es bastante burda y concisa, quedo en deuda de todos quienes se han atrevido a acercarse a mi prosa; es más, la deuda cobra intereses de modo exponencial cuando se trata de las personas que por cortesía o buena crianza me han dado halagos sobre mi quehacer.
¿Obra o sobra? No soy quien para determinar una u otra alternativa, queda mucho camino por recorrer aún. Un par de novelas en eterna corrección, muchos cuentos archivados, décimas sin pasar del todo en limpio, ideas en el aire, proyectos varios que piden dedicación, compromiso y ambición. Se las estoy dando a cada uno a su tiempo para que en, difícil determinarlo, quizá cinco o diez años haber publicado un mínimo de trabajos digno y respetable; por último con la calidad necesaria para no ser lanzados de inmediato a la basura con gesto de asco.
Al parecer me he, y he mentido al mundo. Existe la probabilidad de que haya puesto letras sobre este folio con el único fin de quitarle su pulcritud total, aunque creo que aún así algo se aprende de la experiencia.

jueves, 3 de mayo de 2012

Duelo


Iba caminando con el instrumento al hombro en busca de alguien que pudiera desafiarlo. En su pueblo ya nadie se atrevía a retarlo, conocida era su fama como payador, improvisador y guitarronero.
Había ya recorrido varios kilómetros, casi todos a pie y algunos haciendo dedo. Muchos días transcurrieron desde que saliera de su casa, aunque no manejaba la cifra exacta en su mente. Un número importante de pueblos pequeños recibiéronle y otros tantos le dieron la espalda, pero no iba a renunciar. Sabía que más temprano que tarde encontraría a alguien que pudiera aceptarle un desafío, y ojalá, ganarle en una limpia lid.
Se dejaba guiar por los caminos, senderos y carreteras siempre en rumbo norte. Los abajinos eran fieros en el arte y en el sur todos le sacaban el cuerpo, los carteles le iban informando de la ciudad en que se encontraba y le daban alguna reseña de la ruta recorrida.
Se hacía de noche, se hacía de día. Comer algo aquí, comer algo allá. Afinar, tocar y pedir algunas monedas para continuar su rumbo.
Pero un día estaba tan exhausto que decidió tomar una pausa en su caminata, se sentó en una roca cercana al cruce del tren. Escuchó el viento corretear a los cóndores. Veía en lontananza múltiples espejismos que tomaban las más inauditas siluetas. Sacó el instrumento del estuche y, con su memorial, entonó varias melodías.
Estuvo allí bastante tiempo, pasaron dos o tres trenes y se quedó dormido.

El sol clareaba mientras soñaba con un tren dorado, con ruedas de oro, palancas de cristal y que recorría el cielo completo. Hermosa fue visión, su reacción ante ella la felicidad más grande. Finalmente despertó aún absorto en el delirio del suceso onírico que había protagonizado. Todo estaba tal cual, las botas mirando hacia el norte, sacó un pan relleno con algún menjunje y se lo comió sin prisa. Se cambió la camisa y tomó sus cosas para seguir su marcha. De repente escuchó una voz.

- Hola amigo, ¿qué lleva ahí?
- Una guitarra grande.

El desconocido se puso frente a él y le mostró a Isaías el estuche que el llevaba con cierto picarón orgullo.

- Somos colegas entonces. Yo salí de mi norte querido para buscar alguien con quien hace duelo, en mi pueblo todos me tienen miedo y ya no tocan conmigo. En cuanto saben que me voy a aparecer salen zumbando.
- ¿Me va Ud. a creer que yo estoy en las mismas? Toquemos entonces pues.
- Así mismo será entonces.

Y comenzaron a sonar los instrumentos, distintos fundamentos guiaban sus cantos. El padecimiento, la astronomía, la creación, la travesura, la historia, etc. En cuanto uno proponía la temática obtenía respuesta casi inmediata del otro, sin espacios, sin silencios. Todo era música y poesía.
Ya había pasado un día y ciertas personas que les habían visto difundieron la noticia del duelo, poco tiempo se requirió para que los curiosos llegaran a observar aunque siempre a distancia considerable con el fin de no entorpecer el duelo por distraer a los contendores.
El reloj corría impasible y salvo por algunos recreos para ir al baño, tomar agua y comer; se cantaba el día completo.
Ante una cuarteta la respuesta llegaba más que ligero, ante una décima improvisada el contrataque era más fiero y ofensivo. Hasta el momento nadie había flaqueado. Seguían firmes y se podía notar la determinación de ambos, cada uno sentado en una piedra. Isaías en la que daba al sur, y el desconocido en la norte.

Ya eran cinco días con cinco noches tocando y cantando, y el nortino no pudo ya crear toquidos nuevos y tuvo que comenzar a repetir su repetorio. Para el público resultaba evidente que le estaban tomando cierta ventaja, el músico austral, en cambio,  no daba señas ni de cansancio ni de falta de motivo, todo lo contrario.
Desafío en cuarteta nuevamente y el desconocido no dio pie con bola en tres ocasiones consecutivas, no logró responder en forma correcta a las creativas preguntas que se le proponían.
Semana cumplida y ya los espectadores tenían total resolución de quien sería el ganador del duelo. En un descanso el desconocido se acercó a Isaías y le preguntó:

- ¿Ud. no sabe quién soy, verdad?
- No, en realidad no nos hemos ni presentado. Isaías Bermejo es mi nombre, para servirle.
- A mi me dicen el Mandinga, el cola ‘e flecha, On Sata, el Malevo, ¿Se entiende? Si que es mejor que no me gane na’.

Isaías vio el fulgor ígneo en los ojos del desconocido y la dentadura con tapaduras de oro. Corrió a coger al portentoso y se lanzó con unos acordes y una melodía que hasta la oportunidad había reservado. En el instante del firmamento más alto cayeron tres rayos, uno verde, uno azul y uno rojo.  El diablo fue fulminado, con un estruendo estentóreo de proporciones gigantes, solo quedó polvo que el viento se encargó de espacir por los alrededores y un quejido lastimero de agonía.
El gentío primero se horrorizó, pero segundos después parecían confundidos y desorientados, sin saber razones de por que estaban allí. Isaías se persignó y guardó a su compañero.
Como su memoria era extremadamente buena, podía recordar todos los toquíos que había escuchado y decidió volver a una ciudad del sur indeterminada para enseñar todo lo que había aprendido.
Emprendió el viaje a la brevedad posible. Nadie sabe con ciencia cierta a que ciudad se dirigió, pero todos sostienen que está cerca de un gran poblado y que hasta el día de hoy existe allí un portón que de noche se cierra, no vaya a ser que alguien llegué buscando pleito.

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Eso está comprobado?

Hace unos cuantos días un amigo que conozco desde que éramos ambos muy pequeños me sorprendió con una pregunta inesperada:
- ¿Uds. Usan el método científico?
- Claro que sí. -le respondí.
- Pensé que los Psicólogos no necesariamente lo usan, pensé que quizá tenían otro tipo de métodos.
- Eso es parcialmente cierto.

Y seguimos conversando, él de cómo era el asunto en Química y Farmacia y yo de cómo era en la Psicología, hablándole desde los casos excepcionales y de las múltiples herramientas de investigación con que cuentan las ciencias sociales.
Parecía muy interesado, pero sobretodo descolocado por que en ciertas ocasiones lo que buscamos como profesionales es más que nada entender el fenómeno objeto de nuestra observación, hasta creer comprenderlo en una buena proporción, más que elaborar y comprobar hipótesis.
Continuamos nuestra charla cuándo hablándole desde lo que manejo del tema, y que en su mayoría ha salido del libros me pregunta con tono zocarrón:

- ¿Eso está comprobado?

Luego de despedirnos seguí dándole vueltas al asunto, y es que los seres humanos escamente somos científicos. Obviamente me incluyo, no vamos por la vida observando, creando teorías que son comprobadas con hechos fácticos; y en el remoto caso de hacerlo, escasamente cambiamos de opinión luego de llegar a una conclusión que es privada, no replicable y además guiada por nuestro estado de ánimo.
Me escuché hablar durante un par de días…yo creo…yo siento…estoy especulando, pero…me parece que… yo estoy seguro que…

- ¿Eso está comprobado?

Muchas veces nos hacemos imágenes de ciertas personas y de nosotros mismos, ella es muy seria…él es como raro…soy quedado…soy flojo…soy talentoso…son simpáticos. Nos quedamos con esas impresiones y las grabamos en nuestra mente y corazón para defenderlas cueste lo que cueste, a veces no visualizamos que efectivamente las personas pueden cambiar; somos agentes de cambio constante y quien lo dude debe solamente mirar a su alrededor. Nos rodean artefactos que alguien primero imaginó, otro hizo y finalmente se quedaron con nosotros para facilitrnos la vida.

-¿Eso está comprobado?

Me pasa, y en este sentido soy muy sincero, que en ciertas ocasiones y con escasos antecedentes veo panoramas inexistentes. Veo cosas donde no están y motivaciones que otros tienen son malinterpretadas por mi ego constantemente y provocan más de un altercado en mis relaciones de todo tipo. Ahora, cuando sucede trato de preguntarme:

- ¿Eso está comprobado?

Pero no siempre resulta fácil, hay que hacer también actos de fe y dar por comprobadas cosas que jamás tendremos ocasión de verificar. Ni hablar del tiempo, por ejemplo, de la infinitud del Universo, de cómo se ve un átomo. Otros las estudian y asumimos por añadidura que esa “verdad” nos hará ver las cosas de modo más claro.

- ¿Eso está comprobado?

Claro, por otro lado, el dejar de pensar o hacerlo en flujo genera menos desgaste al cerebro y se emplea menos energía para ponerlo a trabajar (eso si está comprobado), por lo que facilitarse las cosas tampoco es un pecado.
Mi punto es, que me comprometo a intentar ser más objetivo, a intentar madurar, a crecer y desarrollarme, a dejar de buscar explicaciones afuera y responsabilizarme de las consecuencias de mis actos y un largo etcétera.
Dejo esta nota como constancia por si en algún minuto se me olvida esta idea y, releyéndola, me sirva para refrescar mi propósito.

- ¡Está comprobado!

martes, 1 de mayo de 2012

Jimmy

Ha pasado un tiempo y me he acordado de ti, no te siento ausente ni me he dado la oportunidad de verlo así; más me parece que te has fugado de la casa como tantas veces hiciste para volver a la hora de la comida con cara de yo no fui.
Hay días en que llego tarde a la casa y creo que saldrás de algún lugar del patio a recibirme, pero luego de un par de segundos reacciono y me doy cuenta de que eso no va a pasar. Fuiste y eres un gran amigo al que siempre recordaré.
Todavía está en mi mente ese día en que llegaste siendo minúsculo y temerario, subiendo y bajando por la escalera infinitas veces. Recuerdo los primeros días en que dormiste conmigo y chillabas por las noches, debe haber sido duro distanciarte de tus hermanos.
Hoy veo con risa ese día en que tenía que irme apurado y mientras me hacía el nudo de la corbata te comiste mis cordones, también esa ocasión en que se te pegaron en los dientes todos eso marshmallows que le robaste a mi mamá.
Pasaron muchas cosas que hoy son para mí muy simpáticas (por algunas me enojé mucho en su momento), los zapatos que te comiste por montones, la bufanda que quedó sin flecos, verte dormir sobre tu casa en vez de dentro, tus aullidos afinados cuando tocaba armónica o saxofón.
Parecías tener sentimientos, me daba la sensación de que entendías muy bien cuando te castigaba por hacer alguna cosa mala y es que ibas y te encerrabas solito a reflexionar el por que habías mordido las tentadoras mangas de mis camisas cuando estaban colgadas.
Imposible era hacer alguna tarea casera sin que hurtaras alguna herramienta y constituía un desafío enorme encontralas después de que las hubieses enterrado. 
No sé como ni cuando lo aprendiste, pero era chistosísimo verte andar en dos patas para allá y para acá, en realidad considero que eras mucho más humano que varios sapiens que conozco. Por que a pesar de que nunca emitiste palabra sabías acercarte cuando estaba triste, y más era el cariño que tú me hacías que el te hacía yo a tí. Por que cuando me veías desanimado llegabas a mostrarme algún juguete para que jugando me sintiera mejor.
No lo niego, peleábamos cuando te tocaba baño y el enojo se te pasaba después de un largo rato. Pero es justamente eso lo que me sorprendía, que siendo un animal tenías una gran capacidad de perdonar y de mejorar el ambiente con tus payasadas y condoros.
¿Por qué me acordé de ti? Por que cuando llego a la casa con un bolso enorme y cargado de cosas ya nadie me sale a recibir, por que ahora yo tengo que tocar la puerta para que la abran, por que al salir al patio no hay nada que ordenar ni nadie con quien jugar.
Y es un tristeza saber que te fuiste sin quererlo tú ni nadie, saber que te mataron intencionadamente por vengarse de algo que supuestamente hice y que no tengo idea que es. Tú no tenías culpa de nada, ni tenías como enterarte. Para cuando llegó el mail ufanándose del acto ya estabas lejos hacía días . Me dolió más que los golpes, me hirió más que las amenazas, fue más intimidante que las llamadas de números desconocidos por las noches.
Lo bueno es que sufriste poco y te lo tomaste como un valiente, no querías que te viéramos así y decidiste tomar una “siesta” entre las plantas. Traté de que te sintieras mejor, pero los veterinarios no encontraron alentador el panorama. Para la tarde la boca te sangraba y las moscas estaban por doquier. No pude hacer nada, pero me tranquiliza saber que ya nadie podrá hacerte daño. Que te recuerdo como una gran personaje en mi vida, si hasta te contaba las cosas que me pasaban.
Jimmmy, fuiste un gran compañero, una excelente mascota, fuiste un amigo y de los grandes. Siempre te echaré de menos.

domingo, 22 de abril de 2012

Turito


Esta historia me la contaron hace tiempo, en un lugar indeterminado del planeta.

En las cercanías de Talca se organizó un partido de fútbol para determinar de una vez por todas cual era el mejor equipo de entre dos eternos rivales de la cuarta división, un partido amateur; pero no por ello menos peleado y entretenido. Chorizo Mecánico v/s La Batalla.
Se eligió jugar en una zona neutral, en un estadio fuera de ambas localidades. Sin embargo, se decidió llevar a cabo el evento lo más cercano a ellas, ya que el equipo perdedor debería pagar un asado a todos lo miembros, familias incluidas, del otro colectivo deportivo.

Finalmente llegó el día tan esperado, flamantes las camisetas, brillantes los pantalones, una pelota nueva  comprada especialmente para el encuentro. Se había contratado un árbitro capitalino para garantizar la transparencia y calidad del juez.

Pitazo inicial y comienza el partido, ambos clubes jugaban de forma conservadora y asegurando el balón en todo momento. En los primero minutos se sentía el nerviosismo en el campo de juego, hubo mucho estudio de la estrategia de parte de los directores técnicos.

Tímidamente primero, con más ímpetu después ambas escuadras comenzaron a aproximarse al pórtico rival. A medida que el partido avanzaba las jugadas eran mejores, con mayor profundidad en ataque y más ambiciosas y lucidas. Las barras alentaban con mucha fuerza a sus jugadores.

Media hora de juego transcurrida, 5 corners para cada escuadra, muy buenas llegadas; el marcador aún intacto. Era cosa de tiempo para que el cansancio mermara la capacidad defensiva de alguno de los equipos, y estaba claro que el descuido sería caro y costaría el valioso y esperado gol.

Minuto 35, el lateral de la batalla se desborda dejando a sus marcadores a medio camino. Y sobre carrera manda un centro perfecto, llovido. Su mejor cabeceador, un central, subió con ambición de ataque descolocando a la defensa. Su pulcra labor fue opacada con un golazo a la entrada del área y además de palomita. Uno cero el marcador.

Llegado el minuto 40, el Chorizo Mecánico encontró el espacio necesario para dar un preciso pase a su mejor delantero, mientras uno de sus compañeros se llevaba las marcas. Un último defensa quedaba, con fuerza salió a la marca del ariete; no obstante no consiguió su objetivo ante la espectacular gambeta que hizo el número 9. Solo frente al arquero preparó el disparo, pero el defensa desde el suelo le propinó una patada de proporciones que frustró el ataque. El referre﷽﷽frustró el ataque. El frustrsuelo le propin nor delantero, mientras uno de sus compañeros se llevaba las marcas. Un e  árbitro al momento mostró la merecida y justificada tarjeta roja al defensor de La Batalla.

Por su lado el ofensivo de Chorizo Mecánico debió ser retirado en una improvisada camilla para ser atendido por el componedor de huesos que la barra consiguió. El diagnóstico fue fatal, no podría seguir jugando e inclusive, debería guardar reposo absoluto por a lo menos seis meses.

No había opción alguna de cambio, al DT le quedaban solo defensas. Ninguno igual de hábil que el jugador dilapidado, poner a alguno de ellos habría sido regalar el partido y por lo tanto, sucumbir ante la burla que sería total.

De las graderías bajo Turito, de unos 50 años. Con poncho, chupalla y ojotas increpó al técnico de su querido y popular club, donde hacía muchos años había jugado.
Al ver aquello la barra comenzó a gritar: Turito!, Turito!, Turito!
Meta a Turito decían algunos en tono de broma, ponga a Turito decían otros en serio tono.
Turito!, Turito!, Turito!
La presión que el estratega estaba viviendo lo hizo acceder. Turito se saco la chupalla, el poncho y las ojotas. Se puso el apreciado 9 y entró a la cancha a pie pelado, el árbitro dudo un poco ante este hecho. Pero luego de que el equipo contrario insistiese en que no era problema, accedió a dejarlo jugar así.

Quedaba, entonces, lanzar el penal. Y quien más si no él, Turito posó la pelota en el punto penal y tomó vuelo para golpear el balón. El portero, que había escuchado de Turito, mostraba ostensible nerviosismo. Lo desafió a poner la pelota en el medio campo – A ver si eris tan gallo – le decía. Turito pidió permiso al juez para poner la pelota en el círculo central, y aunque le extrañó la petición no hubo negativa de su parte.
Pitazo, el portero presto a lanzarse. Cual fue su sorpresa al darse cuenta de que el balón ya había entrado al arco, es más, había roto la malla y continuaba impasible su rumbo en el aire para caer en un sitio eriazo cercano. Como no había otro balón el tiempo siguió corriendo.

Uno a uno el marcador, un cansado pelotero había llegado finalmente con la gordita regalona. Puntapié en el mediocampo para reanudar el juego, tiempo y descuentos cumplidos y puntualmente el referee dio fin al primer tiempo.

Se vino el descanso, los jugadores de La Batalla se acercaron a Turito. Conocida era su fama de jugador duro y de potente disparo, -Oiga Turito- decían, -Nosotros vinimos a pasarla bien, pero estando usted en Chorizo Mecánico ya perdimos.
- Si po Turito, es injusto esto, si yo hubiese sabido que venía Usted me quedo con la vieja en mi casa.
Turito se quedó pensando y se adentró al campo de juego.

Segundo tiempo por empezar, Turito se acerca al creador de Chorizo Mecánico y le pidió que levantara el balón sutilmente. –No hay problema, Turito, como diga usté’. Pito y brazo al aire, tal cual se le había solicitado el mediocampista esculpió un globito con el balón. Turito que venía desde atrás pateó la pelota con toda su fuerza. Las barras miraban hacia el cielo tratando de ver donde estaba el esférico sin obtener resultado alguno. Pasaron casi 45 minutos hasta que un fuerte zumbido llamó la atención de todos, con gran velocidad la pelota bajaba en dirección al campo de juego. Cuando finalmente el balón toco la superficie de la cancha el árbitro declaró el fin del segundo tiempo. Empate a uno.

Todos le agradecieron a Turito su acto tan honorable, finalmente disfrutaron de un asado de proporciones dantescas; tanto deportivo La Batalla como Chorizo Mecánico.