viernes, 9 de junio de 2017

11-11


Le resultaba muy curioso que justamente 11 de sus mejores amigos estuvieran de Cumpleaños el día 11 de Noviembre.

lunes, 5 de junio de 2017

Solución imprevista

A pesar de que la casa era cómoda y tenía suficiente espacio para lo que más le importaba, sus nutridas colecciones de los más variados objetos, algo faltaba. No se había preocupado de eso en demasía al momento de comprarla, ni tampoco al mudarse.
Entre viaje y viaje no había sido necesario, hasta ahora, que por fin se dio cuenta de que carecía de un lugar para escribir.
Poco a poco fue juntando las cosas necesarias, ya fuera haciendo trueques o bien por donaciones de amigos que querían pronto leer algún libro nuevo producto de su trabajo.
Aparecieron sillas, plumas, dos máquinas de escribir totalmente funcionales, una lámpara que recreaba el Taj-Majal, un tintero con forma de cabeza de venado, varias resmas de papel y recortes de periódicos que podrían servirle de inspiración o que reseñaban sus obras anteriores.
Faltaba el escritorio.
Trató de comprar alguno, pero al verle los dependientes elevaban los precios a cifras estratosféricas. Trató de trocar alguno, pero le habría significado desprenderse de cosas valiosas.
Cuando pintaron la casa, los maestros armaron un par de caballetes que quedaron ignorados en el patio al ser cubiertos por un trozo enorme de tela, que antiguamente fuera un globo aerostático.
Tal vez podrían ser de utilidad, pero faltaba una cubierta. No podía ser cualquier trozo de madera, debía ser especial; con historia previa.
Buscando mentalmente solución al problema, cargó la pipa y salió a caminar por la playa. Tal vez cortar uno de los pocos árboles que allí había podría ser una buena alternativa, pero no quería ser titular de prensa ni protagonista de comidillos al transgedir las leyes forestales.
¿Qué hacer?
Rompió sus cavilaciones una sospechosa silueta sobre las aguas del mar.
El oleaje arrastraba la puerta de un barco que seguramente se había desprendido de ella para perder peso. Dicha conclusión se basaba en que en uno de sus extremos observó, gracias a sus binoculares, una claraboya.

-Allí viene mi escritorio- Pensó, mientras su rostro esbozaba una socarrona sonrisa.

viernes, 2 de junio de 2017

Dinámicas

-Cuéntame, ¿Cómo estuvo tu cita?
-Bastante bien.
-Te gustó la chica, picarón.Te dije que mi amiga es en extremo agradable.
-Lo es. Solo que parece ser el Allegro Apassionato del concierto de cello de Walton interpretado por Piatigorsky. En esta etapa de mi vida necesito alguien que sea como el Adagio del concierto de viola de Bach/Casadesus en la versión de Nobuko Imai.
-El barroco, siempre el barroco…

miércoles, 31 de mayo de 2017

La Cocó

Mi primera novia, Yenia, era un ser caritativo con un alma hermosa e infinita. La recuerdo, cada vez que la recuerdo, con mucho cariño. Además de tener la piel más blanca que he visto en mi vida, de tener unos ojos impactantes que te desnudaban en lo más profundo, su voz me convencía de hacer todo lo que me pidiera.
Cuando la conocí andaba casi siempre acompañada de la Cocó, todo lo contrario a ella. Una mujer promedio por donde se le mirase, el promedio del promedio. No muy agraciada ni en su personalidad, ni en su físico. La típica amiga que todos tienen y la que nadie sabe referirse. Como norma universal es la amiga “simpática”.
Con Yenia lo pasábamos muy bien, creí que era mi alma gemela y a veces hasta el día de hoy lo pienso. Salvo cuando la Cocó hacía mal tercio, con su mutismo absoluto y sus respuestas escuetas que no daban pie a conversación ninguna. Con sus gestos de descontento y sus malos hábitos alimenticios y de higiene.
En una fiesta Yenia me pidió algo que me pareció extraño, pero a lo que finalmente accedí: “Tienes que sacar a bailar a la Cocó, pobrecita, mírala tan sola y sin atreverse a hablar con nadie”.
Dejé a Yenia, no sin antes preguntarle si estaba segura de la idea. Me encandiló con su sonrisa de diosa griega y movió la cabeza con agitación, mostrando su total venia. Le di un beso y marché en busca de cumplir con la misión encomendada.
Me acerqué a la Cocó, que me miraba con descontento detrás de sus gruesas gafas y con sus ademanes de mujer de familia constituida, salvo ella, solo por hombres.
Sonreí y le extendí mi mano: “Quieres bailar?”

“No, eres muy feo para mí”. – Sentenció.